sábado, 1 de agosto de 2015

Los libros no nos dan sabiduría

Hemos leído y escuchado miles de leyendas e historias épicas (no nos referimos a guerras) de hombres, que en el autoconocimiento y en el amor que tenían por la humanidad, se vieron vilipendiados y despreciados por la ignorancia de ésta, esa carencia que todos tenemos y que se debe precisamente a que no sabemos quiénes somos, porque en nuestra pereza hemos abandonado la sagrada tarea que venimos a cumplir a esta vida: La de “Conocerse a sí mismo”.

Ese olvido de sí es el que duele, el que nos lleva a erguirnos por el ego cargado de orgullo, desprecio, violencia, intolerancia y un etc. que queda muy corto al lado de los infinitos laberintos de la psiquis en donde nos perdernos por esa vanidad que nos lleva a creernos envés de SER.

"Somos el mayor peligro. La Psiquis es el mayor peligro. Qué importante es saber algo sobre ella. Pero no sabemos nada sobre ella". (Carl Gustav Jung)

Por eso mismo, porque no soportamos la verdad que nos refleja lo miserable que somos, es que hemos necesitado matar o atacar a todo aquel hombre sabio que caminara sobre la tierra intentando que abriéramos los ojos, que despertáramos a un verdadero cambio de mente (metanoia) .

No ser un simple lector del conocimiento alcanzado por otros, sino vivirlo uno mismo, comprobarlo, sentirlo con cada célula del cuerpo después que llega a uno, no por un conocimiento intelectual, es más bien un entendimiento que sobrepasa el intelecto, de hecho, el intelecto no comprende esa verdad, no tiene la capacidad para contenerla o explorarla.

El conocimiento de sí mismo trae razones que no se pueden lograr de otra forma y sobrepasan las propias, sobre todo porque a medida que nos adentramos en ese ejercicio nos vamos liberando de los velos o prismas que no nos dejan ver o distorsionan la percepción de la verdad que se halla detrás del mundo material, ese algo más que espera por nosotros y que contiene el fuego del Universo.

En nosotros, no fuera de uno. Hacia nuestros adentros.

¿Cuándo? Ahora mismo, mientras sientes el aire entrar en tus pulmones, mírate, ve junto a ese inspirar a las profundidades de ti mismo y descubre quien eres sin temor a tus sombras e ilusiones, que desvanecerán cuando seas capaz de reconocerlas como parte de tu totalidad.

Dijo Jesús: “El que busca no debe dejar de buscar hasta que encuentre. Y cuando encuentre se estremecerá, y después de estremecerse se llenará de admiración y reinará sobre el universo”.

Hay un espacio sideral de diferencia entre ser testigo y ser protagonista, el primero idealiza en su lectura, el segundo es el valiente, el heroico que atraviesa per se la aventura del autoconocimiento que otros sólo se conforman con leer o escuchar como circunstanciales oyentes.

Historias fantásticas, como la de Jesús, las romantizamos cuando llegan a nosotros, y aunque las alcanzáramos a comprender, seguimos en el mismo lugar espiritual que estábamos antes de conocerlas.

No ser el que las escribe, ni el que las lee, ni el que las escucha. Es comenzar el camino de regreso a casa donde la inocencia de nuestra pureza nos dará los ojos para ver lo que ningún hombre ha visto, lo que ningún ser de este planeta a comprendido, haciéndonos protagonistas de una historia que jamás será contada, simplemente será vivida en unión, amor y por toda la eternidad.

Bill Hicks – La Vida es sólo un viaje

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